
El cine español lleva varios años saliendo de un molde muy concreto — comedia costumbrista o drama social— para meterse en géneros donde tradicionalmente pesaban más las producciones anglosajonas: ciencia ficción, true crime histórico, thriller judicial. No es una tendencia aislada, es un cambio de ambición que se nota especialmente en el cine que no llega a multisalas pero sí a streaming.
Justicia Artificial es el ejemplo más claro de ese salto: un thriller de ciencia ficción sobre inteligencia artificial aplicada a la justicia, con Verónica Echegui y Alberto Ammann, que llega en el momento exacto en que la regulación de la IA es un debate real en toda Europa. Es cine de género hecho en España compitiendo de tú a tú con la ciencia ficción especulativa que suele venir de fuera.
Un drama histórico que no rehúye lo incómodo
La virgen roja, dirigida por Paula Ortiz, recupera una de las historias más perturbadoras de la España de los años 30: Hildegart Rodríguez, la niña prodigio a la que su madre educó con una disciplina obsesiva para convertirla en "la mujer del futuro". Es cine histórico español en su mejor versión — que usa un caso real y extremo para hablar de control, emancipación y los límites del amor materno, sin necesidad de dulcificar el desenlace.
Lo que conecta a estas películas, más allá del idioma, es que ninguna se conforma con el registro que "se espera" del cine español en el extranjero. Eso es, en el fondo, la señal de una industria que está madurando.

