
A los 94 años, Clint Eastwood dirige un thriller judicial de la vieja escuela — sin trucos de montaje, sin prisa — que varios críticos ya señalan como su despedida como director, y es de las mejores películas de su filmografía tardía.
Justin Kemp es un padre de familia que, mientras ejerce de jurado en un juicio por asesinato, se enfrenta a un grave dilema moral que podría utilizar para influir en el veredicto del jurado y condenar -o liberar - al asesino equivocado.
Jurado Nº2 plantea una premisa de una sencillez devastadora: Justin Kemp (Nicholas Hoult) es seleccionado como jurado en un juicio por asesinato y, a mitad del proceso, se da cuenta de que él mismo podría estar implicado en lo ocurrido la noche del crimen. A partir de ahí, la película no necesita giros artificiosos — el dilema moral de Kemp (decir la verdad y destruir su vida, o callar y dejar que condenen al acusado equivocado) se sostiene solo, y Eastwood lo filma con la sobriedad de quien ya no tiene nada que demostrar.
Es cine judicial en la tradición de Doce hombres sin piedad: diálogo, primeros planos, y una sala de deliberación como escenario de la verdadera acción. Eastwood, que lleva más de cincuenta años dirigiendo, demuestra aquí que el suspense no necesita ni un solo efecto especial cuando el guion está bien construido y los actores confían en el silencio.
¿Para quién es Jurado Nº2?
Para quien crece con el cine judicial clásico y quiere ver a un director veterano en plena forma.

