
Lo que empieza como la típica invitación incómoda de unos nuevos amigos en una casa de campo se convierte, en manos de James Watkins, en una de las películas más tensas del año — sin un solo elemento sobrenatural.
Una familia invitada a pasar un fin de semana en una idílica casa de campo, pasa de unas vacaciones de ensueño a una pesadilla psicológica.
No hables con extraños (adaptación del thriller danés Gæsterne) sigue a una familia que acepta pasar un fin de semana con otra pareja que conocieron de vacaciones. James McAvoy interpreta al anfitrión con un carisma que se va agrietando escena a escena, hasta un punto en que el espectador entiende antes que los propios protagonistas que algo va profundamente mal — y aun así, la película consigue que sus decisiones (quedarse, no llamar a la policía, dar el beneficio de la duda) resulten dolorosamente creíbles.
Es una película sobre la educación social que nos empuja a no ser groseros incluso cuando cada instinto grita lo contrario. Ese es el terror real aquí: no el monstruo, sino la cortesía que nos impide actuar a tiempo. McAvoy hace uno de los trabajos más inquietantes de su carrera precisamente porque nunca deja de parecer razonable.
¿Para quién es No hables con extranos?
Para quien prefiere el terror psicológico realista al sobrenatural — tensión de principio a fin, sin tregua.

